Harvard Educational Review
  1. Summer 1998 Issue »

    Introducción

    Ricardo Dobles, Jose Antonio Segarra
    Cuando los escritores y los productores de la serie televisiva de NBC, Seinfeld, incluyendo a Jerry Seinfeld, decidieron quemar la bandera puertorriqueña en la televisión nacional, le hicieron un gran servicio al pueblo puertorriqueño. Aunque fuera inconcientemente, este único evento les recordó a los puertorriqueños cuan pobremente se les considera en la psique norteamericana. Los puertorriqueños en todas partes se vieron forzados a preguntarse a si mismos si la gente de Seinfeld y de la NBC se atreverían a quemar la bandera de cualquier otra nación que no fuera la puertorriqueña. Este acto, cometido supuestamente en el interés del humor, sólo derramó sal encima de una herida de cien años de edad. Desde el 18 de octubre de 1898, el día en que los Estados Unidos alzó su bandera en Puerto Rico, los puertorriqueños y su bandera han sido poco más que un chiste y una molestia para la gente norteamericana.

    La controversia que resultó de la quema de la bandera por parte de Seinfeld sólo aportó una evidencia más de la poca estima que se le tiene a la gente puertorriqueña. Numerosos periódicos reportaron las protestas de los grupos "Hispanos" con relación a la quema de la bandera. Mientras que no hay duda de que algunos "Hispanos" se ofendieron, las protestas fueron en su mayoría encabezadas por puertorriqueños. Desde luego, tal sutileza como la distinción entre el término "puertorriqueño" y el término sin sentido "Hispano"--un término tan vasto que lo abarca todo y que pierde virtualmente toda utilidad como medio para identificar cualquier grupo cultural o nacionalidad--se pierde en los medios de comunicación. Ofuscando el hecho que fueron los puertorriqueños, no los "Hispanos", quienes elevaron sus voces de protesta, los medios de comunicación lograron ignorar la relación histórica entre los Estados Unidos y Puerto Rico.

    ¿Cuál es la naturaleza de esa relación?

    El hecho de que Puerto Rico es una colonia probablemente sorprendería a aquellos que reportaron las protestas "Hispanas". De igual forma no nos tomaría por sorpresa, como puertorriqueños, si muchos de los lectores de esta revista desconocieran igualmente la historia puertorriqueña. Por muchos años, los estudiosos puertorriqueños han tenido que lidiar con una carencia general de conocimiento acerca de una población de seis millones y (técnicamente) ciudadanos de los Estados Unidos. Como consecuencia, los eruditos educadores puertorriqueños, sin tomar en cuenta su disciplina particular, han tenido que convertirse en pseudo-historiadores, contando múltiples veces la historia de la ocupación de los Estados Unidos y la subyugación colonial subsiguiente del pueblo puertorriqueño.

    De la misma forma que en el primer capítulo de una tesis doctoral es frecuente encontrar un estado de la cuestión sobre el tema estudiado, el primer capítulo de un libro de educación puertorriqueña, aún si es un estudio etnográfico de una clase en 1998, tiene que ser un recuento histórico para aquellos que no conocen nada sobre los puertorriqueños. Aunque dicha lección de historia es indudablemente útil para el inexperto, es nuestra alegación que la esencia radica en los detalles. Alcanzamos un entendimiento más profundo de la historia puertorriqueña comprendiendo las experiencias particulares de los puertorriqueños y su relación con el colonialismo estadounidense, tal como se expresa en los artículos de este simposio, y no viceversa.

    Otra de las muchas ironías de la realidad puertorriqueña es el hecho de que, aunque esta realidad es ignorada en gran parte en la discusión sobre los "Hispanos", muchos eruditos puertorriqueños que asumen una posición anti-colonial, y por lo tanto anti-americana, tienen que vivir bajo el temor de la persecución del gobierno de los Estados Unidos. Un ejemplo de dicha persecución es la experiencia de José Solís Jordan, un profesor de educación de la Universidad de Puerto Rico y previamente profesor de educación en DePaul University. El profesor Solís, que recibió su doctorado en política educativa en University of Illinois en Champaign-Urbana, es un estudioso altamente respetado en su campo. Su libro, Public School Reform in Puerto Rico: Sustaining Colonial Models of Development, se ha convertido rápidamente en lectura requerida en el campo de la política educativa puertorriqueña. Cuando buscamos en vano a Solís, esperando poder solicitar un artículo suyo para este simposio, supimos que éste había sido arrestado por el FBI (Agencia Federal de Investigaciones) en su hogar en Puerto Rico "por promover [por medios violentos] la independencia de Puerto Rico".

    La temible historia de su arresto, detención e interrogación es una advertencia para aquellos que estamos buscando la justicia para la gente puertorriqueña. El FBI rodeó la casa de Solís vestido con atvendos negros y armas de alta potencia, e insistió en que Solís se despojara de su ropa en la presencia de su familia. Luego el FBI se lo llevo y lo detuvo por varias horas antes de ser informado del crimen del cual se le acusaba. Es difícil imaginarse que un respetado académico pudiese experimentar una violación de sus derechos y de sus privilegios fundamentales como ciudadano estadounidense. Desafortunadamente, este suceso sólo señala que la ciudadanía de los puertorriqueños es, en el mejor de los casos, de segunda clase.

    La ciudadanía de segunda clase de los puertorriqueños podría ayudarnos a explicar por qué este grupo nacional "ha sido estudiado excesivamente" y, paradójicamente, también ha "alcanzado la dudosa distinción de ser uno de los grupos más pobremente educados en los Estados Unidos". La pregunta, por lo tanto, de la utilidad de otra colección de artículos sobre los puertorriqueños, debe ser discutida. Durante la mayor parte de este siglo, un gran porcentaje de los trabajos académicos sobre los puertorriqueños han sido escritos por autores norteamericanos, quienes exploran la experiencia puertorriqueña desde la perspectiva de un extraño.

    Durante los últimos veinte años, sin embargo, los estudios de puertorriqueños escritos por puertorriqueños han desafiado la postura colonial de muchos letrados norteamericanos del pasado. Estos nuevos estudios académicos coincidieron con los movimientos por los derechos humanos, los movimientos de la mujer y los de los derechos civiles en los Estados Unidos de la década de 1960. Construyendo sobre esta tradición, los escritores de este simposio ofrecen un antídoto al tipo de investigación colonial que prevaleció durante las primeras dos terceras partes de este siglo.

    Se ha escrito mucho sobre el impacto del colonialismo en la gente y las culturas a través del mundo. Más recientemente, se ha prestado mucha atención a las vidas de la gente que vive en las colonias postcoloniales (por ej., Bhabha, Spivak). Aunque este esfuerzo académico es útil para comprender el impacto del colonialismo, todavía existen dudas sobre su utilidad para analizar las experiencias de los puertorriqueños, que según Juan Flores, "parecerían ser enfáticamente coloniales tanto en su trayectoria histórica como en su condición presente".

    Así, ofrecemos una definición viable del colonialismo sólo como punto de partida, desde el cual podemos empezar a examinar críticamente las experiencias particulares de las comunidades y de las personas presentadas en este simposio. El colonialismo está compuesto por un conjunto complejo de relaciones que provienen de la condición de subyugación en la cual una potencia tiene el control sobre la educación, el idioma o idiomas, las costumbres, las tierras y los medios económicos de sustento de otro pueblo. En el caso de Puerto Rico, esto se refiere a un conjunto de relaciones que la Isla tiene con los Estados Unidos. En el caso de los puertorriqueños que viven dentro de los Estados Unidos, el enfoque principal de nuestro simposio, nos referimos a una gente colonizada que vive rodeada por su colonizador. Esta realidad colonial impone unas relaciones nuevas y no deseadas, y a la misma vez quebranta relaciones que existieron anteriormente, según se observa en las numerosas familias y comunidades de clase obrera que ahora están divididas geográficamente entre la Isla y el "continente". Simbólicamente, culturalmente e históricamente, la gente puertorriqueña ha estado vinculada por medio de la lucha contra las relaciones impuestas de dominación colonial.

    En este simposio, la educación es el tema global bajo el cual se exploran otras relaciones coloniales. Es importante entender que la experiencia puertorriqueña en la educación ha sido por medio de un sistema educativo impuesto, con muy poca o ninguna oportunidad de mobilidad social y económica, de autodeterminación y de realización. Consecuentemente, una de las preguntas cardinales suscitadas por este simposio es: Dentro del contexto de la educación, ¿de qué forma los colonizados negocian, resisten y luchan contra el colonizador y contra las relaciones impuestas por la condición colonial?

    Una de las relaciones más importantes entre el colonialismo y la educación es la del idioma. Cuando hablamos de la conexión entre el idioma y el colonialismo para los puertorriqueños, tenemos que abordar la idea de un "bilingualismo colonial". Desde esta perspectiva, los puertorriqueños no sólo poseen dos instrumentos de comunicación, sino que también deben abrazar a dos mundos: el del colonizador y el del colonizado. Los puertorriqueños han luchado contra aquellos movimientos estatales y nacionales que desean crear una sociedad monolingüe. El impacto de estos esfuerzos se ha sentido a niveles locales, estatales y nacionales. Como el debate de la educación bilingüe está vinculado a la lucha de muchos grupos lingüísticos y grupos minoritarios nacionales, la posición anti-colonial de los puertorriqueños hacia las políticas monolingües ha tenido un impacto que se extiende más allá de la comunidad puertorriqueña a otros grupos lingüísticos y culturales cuyo idioma es otro que el inglés.

    La mayor parte de los puertorriqueños en los Estados Unidos y en la Isla asisten a escuelas públicas y residen en comunidades de clase obrera. Cuando nos referimos a la necesidad de una educación pertinente dentro de las escuelas públicas de los Estados Unidos, estamos hablando particularmente de la necesidad de currícula y de textos que reflejen las realidades de los estudiantes. Históricamente, los estudiantes de los Estados Unidos, sean puertorriqueños o no, tienen poco o ningún sentido de sus propias historias de lucha y de la resistencia de la clase obrera. De este modo, además de resistirse al imperialismo lingüístico y cultural, la comunidad puertorriqueña ha resistido los textos y los estudios que históricamente han ignorado, tergiversado o caricaturizado a la gente puertorriqueña. Este simposio refleja esta tradición histórica de resistencia puertorriqueña. Según Clara Rodríguez:

    Las tradiciones culturales y la literatura tanto sobre puertorriqueños como sobre Americanos Nativos han sido postergadas severamente. Las historias de los dos grupos tienden a comenzar con la fecha oficial de la conquista, y debido a esto están construídas dentro del canon oficial de los Estados Unidos. De este modo, en el caso de los puertorriqueños, la literatura [y añadiríamos la historia] "empezó" después de 1898.

    Dada la conceptualización anterior, este simposio no incluye la cronología que inunda todos los textos que están escritos acerca de la experiencia puertorriqueña (es decir, 1898--la ocupación estadounidense; 1900--el desmantelamiento del gobierno militar y el establecimiento del gobierno civil; 1917--la ciudadanía estadounidense se le otorga al pueblo puertorriqueño). Estas fechas han sido documentadas una y otra vez, pero la historia del pueblo puertorriqueño aún permanece excluída. Para poder colocar las experiencias de los estudiantes puertorriqueños en la antesala--y la historia colonial del pueblo puertorriqueño en el trasfondo--este simposio se centra en las vivencias de los estudiantes puertorriqueños en las escuelas de los Estados Unidos. En vez de permitir que nuestra historia sea determinada por la historia de la dominación colonial estadounidense, este simposio contribuye a que se escriba una historia puertorriqueña basada en la lucha y la resistencia contra una imposición colonial.

    En "Realidad y Ficción: Historias de Puertorriqueños en Escuelas Estadounidenses," Sonia Nieto aboga por la necesidad de considerar tanto la investigación tradicional como las obras de ficción como fuentes valiosas de datos en torno a las experiencias educativas de los puertorriqueños. Además de suscitar el argumento que la ficción es una fuente útil de conocimiento, Nieto señala también que los "datos" que resultan de la investigación son, a menudo, relativos. Ella se refiere a los numerosos estudios sobre niños puertorriqueños que, irónicamente, han producido poco más que información ficticia. Este tipo de información, tal como el estudio conducido por Oscar Lewis, aún relevante y citado, frecuentemente señala a los niños puertorriqueños y a sus familias como la raíz del problema, mientras ignora complejas realidades sociales, económicas e históricas de esas familias. Por lo tanto, aunque los estudios producidos por innumerables investigadores y académicos han conducido a la publicación de datos no verídicos, muchas de las obras de ficción producidas por un creciente núcleo de escritores puertorriqueños expresan las historias de la vivencia puertorriqueña en modos altamente complejos y auténticos.

    Combinando investigación válida y obras de ficción prestigiosas, Nieto elabora un tapiz sobre la experiencia puertorriqueña que permite que el lector pueda ver las sutilezas que en ella se encierran. Nieto presenta una serie de dialécticas que iluminan la vivencia puertorriqueña en sus complejidades y en su riqueza. La primera dialéctica, colonialismo/resistencia, acentúa las relaciones tirantes entre los Estados Unidos, un poder colonial, y la gente puertorriqueña, que son, paradójicamente, a la vez colonizados y ciudadanos del colonizador. En su artículo presenta también otras tres dialécticas: asimilación/identidad, deficit cultural/aceptación cultural y marginalización/pertenecer.

    Nieto asevera que una pedagogía de cariño encierra la mayor esperanza para que los niños puertorriqueños puedan resistir de modos generativos y regenerativos la dominación inevitable de la relación colonial y sus consecuencias. Los niños puertorriqueños, como todos los niños, necesitan saber que los adultos que están a cargo de sus vidas educativas se preocupan por ellos como seres humanos. Para los niños puertorriqueños, este es un mensaje particularmente importante, porque la relación colonial les proporciona suficiente evidencia de lo contrario.

    La pedagogía de cariño promovida por Nieto es puesta en práctica por los profesores y activistas de la Pedro Albizu Campos High School (PACHS). En "Las Ideologías Nacionalistas, El Activismo Basado en la Comunidad y Los Espacios Educativos en el Chicago Puertorriqueño", Ana Ramos- Zayas relata la historia de esta escuela, una historia que es rica en ironía y en paradoja. Por ejemplo, a pesar de que muchos estudiantes de PACHS son "desplazados" de las escuelas secundarias más tradicionales de la vecindad, estos logran encontrar el éxito en PACHS, persiguiendo rutas tradicionales de mobilidad social, tales como una educación universitaria--que generalmente no están al alcance de la mayoría de los estudiantes puertorriqueños en las escuelas secundarias tradicionales. El hecho de que estos estudiantes sigan dichas opciones tradicionales en una escuela que examina críticamente el mito del " Sueño Americano" presenta un giro interesante en la historia de éxito de los estudiantes de la Pedro Albizu Campus High School. En otro giro irónico, los profesores y los estudiantes a menudo son acusados de actividad terrorista por la prensa por acciones que generalmente se consideran como expresiones de democracia popular: los estudiantes participan frecuentemente en las protestas a favor de los derechos de la comunidad, al igual que a favor de los derechos de los prisioneros políticos puertorriqueños que han sido encarcelados ilegalmente.

    En una época caracterizada por la apatía general y por una carencia de participación cívica, una escuela que inspira tal participación democrática por parte de sus estudiantes es verdaderamente revolucionaria. La etiqueta de "terroristas" declarada contra la escuela por los medios de comunicación en Chicago y por algunos puertorriqueños asimilados de clase media, sería humorística si no anunciara también la necesidad desesperante de las potencias coloniales de mantener su posición dominante sobre una comunidad puertorriqueña que está, literalmente, luchando por su supervivencia. Finalmente, el estudio de Ramos-Zayas trata menos sobre la posición colonial de los puertorriqueños y más sobre las acciones liberadoras del activismo de la comunidad, establecidas en una ideología nacionalista de oposición. Ramos-Zayas argumenta que "la enseñanza no se puede divorciar de las fuerzas políticas y socioeconómicas que manejan el desarrollo de la vecindad" (p. 165). El éxito de los estudiantes de la Pedro Albizu Campos High School es una prueba viviente de este argumento y quizás una prueba aterrorizante para aquellos que buscan mantener el status quo.

    En "La Educación Bilingüe para los Puertorriqueños en la Ciudad de Nueva York: De la Esperanza a una Solución Intermedia", la abogada y estudiosa Sandra Del Valle analiza el papel que ha jugado la educación bilingüe en la lucha por los derechos educativos y civiles de los puertorriqueños en la ciudad de Nueva York. Desde los sesenta hasta el presente, han habido luchas legislativas y pedagógicas por la educación bilingüe por parte de organizaciones locales como ASPIRA, los Padres Unidos del Bronx y, más recientemente, La Organización de los Padres de Bushwick. De acuerdo a Del Valle, la educación bilingüe se ha visto comprometida durante los últimos veinte años a niveles locales y nacionales, desde la toma de decisiones federales vis a vis las políticas legislativas por medio del Título VII de la Ley de Educación Primaria y Secundaria de 1968, así como a nivel judicial por medio de la decisión de la Corte Suprema de los Estados Unidos en Lau v. Nichols.

    Del Valle alega que las esperanzas y las concesiones referentes a las políticas sobre bilingüismo se han basado, a menudo, en lo que los abogados y otros profesionales creen que es la mejor forma de educación bilingüe. Si la comunidad puertorriqueña ha de continuar progresando en su exigencia por programas de educación bilingüe que se centren en las necesidades lingüísticas de sus estudiantes, Del Valle dice que los padres, los estudiantes y las organizaciones populares locales tendrán que colaborar junto a los legisladores y otros profesionales. Ella propone nuevas estrategias políticas educativas para la educacion bilingüe en la ciudad de Nueva York y en la nación. La llamada a la acción de Del Valle es "radical y optimista, tan audaz e ingeniosa como los puertorriqueños que lucharon por la educación bilingüe hace veinticinco años y los inmigrantes que continuarán lidiando por la misma en el futuro" (p. 215).

    En "`Escenificando Encuentros': El Decaimiento Educativo de los Puertorriqueños desde una Perspectiva [Post]-Colonial", Catherine Walsh también propone una llamada a la acción. Continuando con los temas de colonización y resistencia tratados por otras autoras y autores en este simposio, Walsh presenta un estudio de un grupo en una ciudad de menos de cien mil habitantes en el noroeste de los Estados Unidos, la cual ella llama "Mill City". Walsh afirma que el decaimiento de los estudiantes puertorriqueños de Mill City ejemplifica lo que les está pasando a los estudiantes puertorriqueños en toda la nación. Su análisis de la situación educativa de Mill City es importante para nuestro entendimiento de las experiencias variadas de los estudiantes puertorriqueños en los Estados Unidos. Es importante considerar, según Walsh señala, que "aunque históricamente los puertorriqueños han estado concentrados en las grandes ciudades del noroeste, la presencia puertorriqueña en ciudades relativamente más pequeñas ha aumentado drásticamente en los ochenta y noventa" (p. 225). Por eso, este estudio es clave para poder entender la vivencia educativa de esta población de estudiantes puertorriqueños que está aumentando y para la cual la experiencia urbana ya no es la norma.

    Analizando las políticas educativas de la década pasada, Walsh describe el descuido sistemático de las necesidades de sus estudiantes puertorriqueños. Este descuido, el cual sería considerado como criminal por cualquier norma de decencia, está fomentado por una base de poder administrativa mayormente caucásica y carente, practicamente, de representación puertorriqueña. Como respuesta, los padres y estudiantes puertorriqueños se han movilizado contra las políticas escolares que dan evidencia de la apatía y del desdén que atraviesa el sistema escolar. Walsh demuestra claramente que la "condición de decaimiento educativo para los puertorriqueños en las escuelas de Mill City . . . es una condición que ha sido fomentada, habilitada y, en esencia, institucionalizada por medio de las políticas y las prácticas de la administración escolar" (pp. 236-237). Al colocar estas políticas dentro de una estructura [post]-colonial se estimula una perspectiva crítica y política del "fracaso" escolar de los estudiantes puertorriqueños y exige que pongamos a los administradores escolares bajo el mismo escrutinio que estamos dispuestos tan frecuentemente a poner a los estudiantes que fracasan.

    Concluimos este simposio con las palabras de Antonia Pantoja, una mujer que ha sido una figura central en las luchas educativas y políticas de los puertorriqueños, y que también encarna el espíritu viviente de la resistencia contra los efectos deshumanizadores de la opresión. Pantoja, que nació en 1921 en Punta de Tierra, Puerto Rico, se crió en Barrio Obrero en una familia de clase obrera. Desde una temprana edad, Pantoja estuvo involucrada en actividades políticas. Ella pasó la mayor parte de su vida laboral en la ciudad de Nueva York, donde estuvo involucrada en la organización de varias instituciones importantes y fundamentales para la comunidad que todavía siguen activas hoy. En esta conversación con su colega y amiga Wilhelmina Perry, Pantoja comparte las vivencias personales que dieron forma a sus actitudes y que guiaron su lucha contra la explotación con respecto a los salarios, el racismo, el sexismo y el colonialismo entre su gente. La vida de Pantoja refleja su compromiso de resistir la colonización y la explotación de la comunidad puertorriqueña. Hasta el día de hoy, ella permanece activa en los proyectos y movimientos sociales relacionados con las luchas del pueblo puertorriqueño.

    La historia que intentamos iluminar en este simposio está enfocada hacia la acción: las acciones de los estudiantes y los profesores de la Pedro Albizu Campos High School; las acciones de los abogados y los activistas en Brooklyn, Nueva York; las acciones de los administradores neo-coloniales en una ciudad del noroeste de los Estados Unidos y las acciones de una vida de lucha. El fundamento temático o teórico que ofrecemos no se encontrará en una cronología de fechas y de datos demográficos, sino en la realidad y la ficción de la experiencia puertorriqueña según se vive día a día en el corazón del imperio del cual Puerto Rico es una colonia. De esta manera, mostramos que las políticas educativas, las reformas y los movimientos políticos y sociales dirigidos a "mejorar" el estado educativo de los estudiantes puertorriqueños tienen que tomar en cuenta el nexo del colonialismo de los Estados Unidos con los efectos perniciosos de la explotación de los salarios impuesta por el capitalismo a la educación de los puertorriqueños de clase obrera.

    Este simposio no pretende cubrir todas las necesidades y experiencias de todos los estudiantes puertorriqueños en el "continente" y en la Isla. Tampoco se intenta que esta colección de artículos sea la obra definitiva acerca de los puertorriqueños y su educación. Esta es la primera entrada de la Harvard Educational Review dentro de este ámbito educativo y esperamos que no sea la última. Así pues, somos conscientes de ello, aunque no pedimos disculpas acerca de lo que no se incluye en este simposio y reconocemos que las investigaciones aquí presentadas representan solamente la mitad de la historia puertorriqueña. Reconocemos el importante y creciente cuerpo de literatura que nace de los intelectuales puertorriqueños y que examina a los estudiantes y las comunidades puertorriqueñas en la Isla. Este simposio es una llamada a los eruditos "de aquí y de allá" a que tomen parte en conversaciones que traten las complejidades de la experiencia educativa de la clase obrera puertorriqueña.

    Seríamos deshonestos si no declaráramos que escribimos esta introducción y presentamos este simposio con cierto temor. Las experiencias del Profesor Solís y de otros, incluyendo el hombre al cual dedicamos este simposio, Don Pedro Albizu Campos (uno de los primeros graduados puertorriqueños por la Universidad de Harvard y un nacionalista puertorriqueño que fue encarcelado ilegalmente durante gran parte de su vida), nos enseñan una lección valiosa.

    Aunque la mayoría de los Estados Unidos no se preocupe por los puertorriqueños a no ser por su valor de entretenimiento, hay algunos a quienes les importan mucho aquellos puertorriqueños que tratan de desafiar el status quo de la dominación imperial estadounidense. No somos ingénuos como para creer que dos estudiantes editores de la Harvard Educational Review pueden evocar la ira del gobierno; sin embargo, tampoco somos tan desconocedores de la historia de las relaciones entre los Estados Unidos y Puerto Rico como para escribir sin el temor de la persecución en cualquier forma en que se manifieste. Teniendo esto presente, nos gustaría dedicarle este simposio a los prisioneros políticos y a los prisioneros de guerra que sufren tal persecución: Elizam Escobar, Ricardo Jiménez, Adolfo Matos, Antonio Camacho Negrón, Dylcia Pagan, Oscar López Rivera, Alberto Rodríguez, Alicia Rodríguez, Ida Luz Rodríguez, Luís Rosa, Juan Segarra Palmer, Carlos Alberto Torres, Alejandrina Torres, Edwin Torres y Carmen Valentín.

    También nos gustaría reconocer y agradecer (aunque atentos a no implicar) a quienes nos han apoyado en nuestro trabajo: la Junta Editorial de la Harvard Educational Review; nuestras familias y amigos; Catalina y Joaquín Castro, Andrea Navarro, Beth, Andrés Sr., Carmen, Andrés Jr. y José Dobles, Mark García, María Colón, José Manuel Cruz y Wilson Valentín.

    Aunque nuestro trabajo y nuestras palabras son propiamente nuestras, simplemente no hubiéramos podido realizar nuestra labor sin el apoyo de aquellos mencionados anteriormente y sin la inspiración de los millones de puertorriqueños que participan día a día en la lucha contra la pobreza, la opresión y la desesperación.
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    Summer 1998 Issue

    Abstracts

    Introduction
    Richard Dobles, Jose Antonio Segarra
    Introducción
    Ricardo Dobles, Jose Antonio Segarra
    Symposium: Fact and Fiction: Stories of Puerto Ricans in U.S. Schools
    Sonia Nieto
    Symposium: Nationalist Ideologies, Neighborhood-Based Activism, and Educational Spaces in Puerto Rican Chicago
    Ana Y. Ramos-Zayas
    Symposium: Bilingual Education for Puerto Ricans in New York City: From Hope to Compromise
    Sandra Del Valle
    Symposium: "Staging Encounters": The Educational Decline of U.S. Puerto Ricans in [Post]-Colonial Perspective
    Catherine E. Walsh
    Symposium: Memorias de una Vida de Obra (Memories of a Life of Work): An Interview with Antonia Pantoja
    Wilhelmina Perry

    Book Notes

    Revolutionary Multiculturalism
    By Peter McLaren

    Anything but Mexican
    By Rodolfo F. Acuña

    Education for Extinction
    By David Wallace Adams

    The Other Struggle for Equal Schools
    By Rubén Donato

    The Changing Curriculum
    By Ivor F. Goodson

    Personas Mexicanas
    By James Diego Vigil

    Many Families, Many Literacies
    Edited by Denny Taylor

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